Betty, mi vecina. El principio.

Nikita
  

Betty, mi vecina. Foto: Paula Acunzo
   
 
Varios días reflexioné sobre cómo iniciar esta cuestión. Me parece innecesario escribir «Hola, mi nombre es Nikita, es la primera vez que vengo a este boliche, soy de escorpio…» cómo cuál adolescente chamuyaba para sacarte a bailar un lento. Además no fui la chica más popular. Mientras mis compañeras hablaban de besos yo creaba obras de teatro que recreaba con mis ositos de peluche (que aún poseo).              
 
También es bastante pretencioso describir los motivos por los cuáles deseo encontrarme por aquí. Quizás por cuestiones catárticas, para escapar de la imparcialidad que debería mantener en mi labor (porque en mi profesión creo fervientemente que uno debe informar más allá de reflexiones y análisis personales) o porque simplemente mi alrededor se hartó de escuchar mis peripecias y quiero compartirlas con un éter que tiene la libertad de comentar lo que crea pertinente. LO QUE SI ES SEGURO es que no quiero de ninguna manera sintetizar la actualidad, quiero esconderme detrás de este álter ego. Simple y complicado a la vez. No sé hacer muchas cosas, me formé para ser comunicadora. Y para ser franca no sé a cuántas personas les puede interesar mis historias. Pero rumorean que «los periodistas exitosos» tienen su propio blogg. No entiendo muy bien  la vinculación entre el éxito y un sitio, pero acá estoy.
 
Es mi propuesta para mantener las conversaciones y recuerdos de lo que hay detrás de mis imágenes, mis fotos, las formalidades de entregar diez instantes para un medio de prensa. Poder compartir mi propia humanidad y la de otros más allá de mi cámara. 
Tampoco pretendo hacer una colección de crónicas cronológicas, por lo cuál no estoy dispuesta a que me impongan formalidades teóricas. 
Es mi forma de exponerme al mundo. Con mi necesidad y desfachatez.
No me parece necesario presentarme como anticipé, creo que me conocerán a medida de que escribo, como el caminante se hace al caminar. 
 
De fondo «In my defence» de Queen. 
 
Y  decido que la primer historia que voy a contar es la de Betty, mi vecina del piso catorce. 
 
La mitad del verano subimos y bajamos al menos cuatro veces los catorce pisos por las escaleras. Ojalá tuviera el culo de oro pero aún así no soy la chica por la que todos hacen fila para bailar ni la conga…
 
Betty, mi vecina, tiene setenta y ocho años y la destaco por su sinceridad. Es una SEÑORA. En mayúscula. 
 
Lo que más atrae de ella es que a pesar de la diferencia de edad, me siento tan identificada con su forma de ser y anécdotas. 
 
No me acuerdo los por qué le empecé a hablar. Pero hoy cuando me sentí sola y abrumada, instintivamente toqué su puerta. 
 
Es fanática de boca. La única del edificio, que en su puerta lo exhibe orgullosa, como un valor fundamental en su vida. Incluso narra con honor como le ha enviado una intimación a Mauricio Macri (actual presidente de Argentina) y le ganó un juicio a boca porque el club intentó modificar la vestimenta de su equipo de fútbol. Tuvieron que volver a sus colores originales. Conserva el recorte en el que aclaran su nombre, número de socia y el hecho. FANÁTICA.
 
 
Le ganó el juicio a boca y no modificaron su vestimenta tradicional.
 
Ella me ha bancado en esa misma mesa, en ese mismo asiento, todo tipo de crisis, aún las peores, con abrazos, mates, paciencia… qué le puede importar a una doña de esa edad mis boludeces existenciales? Aún así, está. 
Risas. Una de mis relatos preferidos implica un crucero a Brasil con quién era su esposo. Para sintetizar: fue infiel y tuvo sexo con un morocho del barco con el que ni hablaba en el mismo idioma. Se enteró de que estaba embarazada al mes y lamentablemente hasta que nació  su hijo, no sabía sí era producto de su esposo o de aquella infidencia.  
 
Mi simpatía sin prejuicios. Eso me encanta de Betty. Es así y punto. No es una santa, ni la mejor, ni la peor, ni pretende serlo. Ha vivido la vida y no quiere ocultarlo. No quiere pertenecer a la sociedad a través de mandatos sociales. Betty es feminista y vive con total libertad «… acaso el hombre tiene un decreto por el que puede tener sexo y ser infiel y las mujeres no?…» 
Por qué se nos impone aún hoy ser tibias, ni tener burka ni tan libertarias…
 
En ese ambiente jocoso me recomienda fumarme un porro (pero de flores) para bajar un poco mi ritmo de vida y angustias. Yo soy muy abierta a cualquier lucha por los derechos individuales. Me imagino fumándome un churro con Betty, aunque si quisiera hacerlo no sabría ni donde comprar mariguana.
 
Y cuando siento que la realidad me va a caer como rayo, ella vuelve a rematar con uno de sus hilarantes comentarios. 
 
Me narra cómo le agarró ladilla en la playa. Para ese entonces había conquistado al guardavidas, que terminó siendo su pareja por cuatro años. Y la situación la describía cómo película de Woody Allen: ella tirada en una sábana blanca, su ex pareja revisándole sus partes íntimas con una pinza de depilar, la madre entrando al cuarto y aconsejándole que se afeitara… 
 
«… Me casé a los 18 años, quizás por eso después fui tan loca…»
 
De igual manera recuerda cuándo vivía de costurera en Manhattan y frente a su ventana se veía cómo una prostituta atendía al menos a seis clientes en una hora. O cuando Kennedy  pasó por delante de ella y embarazada se acercó a darle la mano (y la dejaron).
Hace veintitrés años vive frente a mi departamento. Ni una vez se olvidó de mí, me deja cartas debajo de la puerta saludándome aún en el día del animal por mi Onna. 
 
Admito que como compañera de piso he fracasado pero intento devolverle esas gentilezas, aunque sea de vez en cuándo, lavándole las sábanas en mi lavarropas.
 
Vive al día y alquila, cuándo me quejo de mis dramas económicos, comemos juntas re afirmándonos que hay que continuar… cómo sea hay que seguir…
 
Es recientemente viuda. La última vez que la vi con quién fue su concubino por más de veinte años, se encontraba caminando junto a él de la mano. Quién va de la mano, en esta época de relaciones líquidas y sin compromisos, después de tanto tiempo? 
 
Tenemos instantes de seriedad. Esbozo comentarios sobre cuánto extraño a mi mamá y cómo quisiera facilitarle la existencia a mi papá. Y ella con lágrimas contenidas, recuerda que hace 18 años perdió en un accidente de tren, a su hijo. Tenía treinta y tres años. Después de ir a la comisaría a recibir esa trágica noticia, soñó que el se despedía de ella (o quién sabe quizás lo vivió). Suspira en silencio y fuma.
 
Se arrepiente de pocas cosas, como por ejemplo de no haber sido botinera.
 
Rodeada de fotos y recuerdos, resiste. 
 
 
Los recuerdos de Betty.
Me perjura que no me va a iniciar acciones legales por difundir parte de su vida, le tomo fotos cómo siento que tengo que mostrarla. 
 
Siguen los mates y yo escucho.
 
Miramos la hora y ya es tarde para ella. No quería irme. Le prometo que iré a visitarla prontamente, aunque también ella es una persona activa y muchas veces es imposible encontrarla. Le muestro las fotos que le hice, incluso las elige y expresa su predilección por el blanco y negro.
 
Siempre me ha apoyado, estuviera cubriendo en plena zona de conflicto en República Democrática del Congo o a la vuelta de casa. Nunca falta algún aliento de ella en mi facebook o instagram. 
 
Espero que en algún momento cuando lea esto se reconozca en mis palabras.
 
Me despido desde mi casa y me expresa que me quiere. Mi orgullo no me permite decirle que también yo. 
 
Betty es la mejor vecina que yo podría tener. 
 
Cierro la puerta y sus palabras resuenan mientras Freddie sigue cantando. Ahí en el pasillo quedó su foto de boca…
 
Silencio, youtube se pausó…
 
Termino mi relato por el momento, con necesidad de decir tanto pero sin ganas de marear o confundir. Siempre hay tiempo para proseguir.
 
Así inician las historias de Nikita.
Betty desde mi departamento.

8 comentarios en «Betty, mi vecina. El principio.»

  1. Bella no dejes nunca de ir para adelante tu potencial es enorme y recien vas a empezar a subir el primer escalon de tu nuevo camino ahhh y gracias tu historia(?) "La vecina bostera" excelente tu redaccion genial. Te Kiero NIKITA y..aca estoy

  2. Por suerte mi mamá me dejo varias personas para que me cuidaran (incluyendo a mi pobre padre ja!)… que sería de mí sin ellas… Betty es una grosa! De hecho, ayer me dejó comida en la puerta de mi casa sabiendo que no iba a cenar! Una genia!

  3. Unas veces me siento
    como pobre colina,
    y otras como montaña
    de cumbres repetidas,
    unas veces me siento
    como un acantilado,
    y en otras como un cielo
    azul pero lejano…

    Quiero ver y saber mas. Seguí así no aflojes.
    A la gilada ni cabida

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